Eulogio Gil

 

“Nací en el Caserío del Guásimo, Altagracia de la Montaña, del Municipio Guaicaipuro, estado Miranda, 
Venezuela, el día 13 de septiembre de 1962. Desde pequeño me gustaba el joropo mirandino. Un tío mío, 
llamado Marcelino Gil, a quien le gustaba bailar joropo, me llevaba a los bailes que se hacían por allá en la 
pista del Negro Antonio, en las oficinas de Chaguaramas y en la pista de Julián Escobar, en San Daniel. A 
mí me gustaba ir para escuchar a los cantantes y arpistas que ellos contrataban; allí conocí a Silvino Armas, 
Nicomedes Rondón, Mario Díaz, Los Hermanos Pérez, Juancito Espinosa, Emiliano Salazar, Manuel María 
Pacheco ‘El Turpial Mirandino’, al Profesor Arístides Villamizar, Juancito Martínez, al Joven Valerio Calzadilla, 
Gabriel Rodríguez y a Gabriel Cirilo Ruiz y me gustaba la música. Yo no cantaba en ese tiempo, pero sabía 
que algún día iba a ser cantante. Todas las tardes, escuchaba los programas de joropo que se hacen en Radio 
Valles del Tuy. Un día oyendo el programa le dije a una tía mía, llamada Carlina: ‘Tía, antes de cumplir los 20 
años voy a cantar en esa emisora’. 
En mi casa había una mata de tapara, le agarré las taparas más pequeñas, las puse a secar e hice un par 
de maracas. Oyendo los joropos en las tardes, ensayaba yo solo. En un radio grabador grabé una canción 
instrumental que había grabado Valerio Calzadilla y practicaba con esa canción. Me aprendí una letra que 
cantaba Pancho Prin; me montaba en una mata de guayaba que hay en mi casa materna y cantaba yo solo. 
Yo creo que los que me escuchaban dirían que estaba loco.
Allá en el Guásimo hay dos arpistas muy buenos, llamados Arcadio y Alejandro Piñero. Arcadio tenía una bodeguita y allí tenía su arpa. Una tarde, 
estábamos él y yo solitos y me dijo: ‘Chamo, agarra los capachos y echa una cantadita, que yo te voy a brindar una malta’. Enseguida agarré los capachos y pegamos. A él le gusto mucho y me dijo: ‘Chamo, tú como que vas a ser cantante de verdad’. Y le comentó a su hermano Alejandro: ‘Vale, ese 
muchacho cantó una canción conmigo y va a cantar bueno, lo que le falta es un poquito de capacho’, y entonces yo más ensayaba con mis taparitas.
Una noche, Alejandro me invitó para su casa y me dijo: ‘Vamos a echar una tocada, que Arcadio me dijo que tú cantaste con él’. Agarré los capachos 
y pegamos, y me dijo: ‘Vale, vas a cantar bueno de verdad’. Después, siempre ensayaba con él en su casa, pero entonces había otro problema, que a 
mí me daba pena cantar delante de la gente. Varias veces, ellos tocaban por allá bailes familiares y me invitaban; yo iba y cuando me llamaban a cantar 
yo me escondía por detrás de la casa. Una vez, hasta me vine de un baile bueno que había en Bucarito, en casa de un señor llamado Ángel Requena, 
porque me daba pena cantar. Pero poco a poco fui perdiendo la pena y, después, yo era el que cantaba con ellos el bailecito familiar. Un primo mío, 
hoy en día mi compadre, llamado José Ramos, me dijo: ‘Quiero que me cantes dos bailes: sábado y domingo’, con un arpista buenísimo que había en 
Las Dolores llamado José Ramón Salvatierra. Le canté los dos bailes y me pagó 300 bolívares. 
Un día le dije a un compadre mío, llamado Carlos Hernández que vivía y trabajaba en Ocumare: ‘Espéreme en la Plaza Bolívar de Ocumare el miércoles 
a las 2:00 de la tarde, que voy a ir para la emisora’. Y él me dijo: ‘Está bien, pero yo voy a perder medio día de trabajo, cuidado con no venir’. Fui y en 
verdad él me esperó y subimos a la radio, allí el arpista de la emisora era el maestro Félix Díaz; él no me conocía, pero yo hablé con él y le dije que yo 
cantaba. Él me dijo que tenía que ensayar primero; pero ya no había tiempo porque estaba casi por empezar el programa y yo le dije que yo cantaba 
con los hermanos Piñeros, en Chaguaramas. Él estaba un poco remolón y como quien no quiere la cosa me dijo: ‘Está bien, te voy a dar chance para 
que cantes una sola canción’. La canté y me dijo: ‘Muchacho, sigue cantando que lo hiciste muy bien’. Bueno, ese día canté tres números y, después, 
me quedé hasta el sábado en Ocumare, y todos esos días canté en la radio.
Me recuerdo (sic) que después canté con Jorge Pérez y Martín Herrera y, luego, a los 15 días volví a la emisora. Estaba cantando y llegó un negro a la emisora y César Leal, el locutor, lo saludó y era Manuel de Jesús Ruiz y me dijo: ‘Chamo, te vengo a buscar para que te vayas con nosotros para el Club Zulia, 
en La Victoria, porque mi compadre, El Perico, se siente un poco mal y necesita un cantante que le ayude’. Me fui y canté con Manuel de Jesús Ruiz. 
Okey, así seguí volviendo a la emisora. Una tarde, estaba cantando con el maestro Félix Díaz y llegó un señor y se sentó al lado de César Leal. Cuando 
terminé el número, César entró y me dijo: ‘Ese señor que está allí es el maestro Marcelino Blanco Rodríguez y vino a hablar contigo’. Me lo presentó 
y me dijo: ‘Te vine a buscar, porque tengo varios bailes y no tengo cantante’. Y yo le dije: ‘Está bien, cómo no, yo mismo soy’. Imagínese, ¡me alegré 
mucho! Bueno, me acuerdo que el primer baile que tocamos fue en Santa Lucía del Tuy, en el Barrio Las Adjuntas, en la pista de Flores Franklin y 
Manuel Cuevas. En ese baile, Marcelino me pagó 800 bolívares y yo dije: ‘Si así llueve, que no escampe’, porque en ese tiempo, eso era un realero. 
Y así empecé mi carrera profesional.
He cantado con casi todos los arpistas de esta música. Bueno, entre ellos están, que yo recuerde: Arcadio y Alejandro Piñero, José Ramón Salvatierra, 
Máximo, Gonzalo y Reinaldo Bogado, Samuel Piñero, Manuel Salazar, Eustoquio Castillo, Juan Martínez, Félix Díaz, Agustín Blanco, Hipólito Echenique, Gonzalo Pérez, Dionisio Bolívar, Valerio Calzadilla, Gabriel Rodríguez, Gabriel Cirilo Ruiz, David Machado, Julito Serrano, Alí Díaz, Félix Martínez, 
Pedro Díaz, Alberto Aquino, Rosendo Castro, Hilario Castro y Efraín Castro, Henry Montenegro, Alejandro Falcón, Oliva Bernal, Ramoncito Reyes, 
Miguel Machillanda, Alejandro Mejías, Nato Cisneros, Mauro Campos, J.J. Ramírez, José Luis Villanueva, José Luis Blanco, Yonny Bernal, Marco Antonio Flores, Joel Báez, Alberto Tovar, Jesús Perales, Víctor José Viera, Alfredo Sánchez, José Cordero, Lino Cardozo, J.J. y Robertico Rodríguez, Carlito 
Sivira, Dani Pérez, Eladio Bolívar, Juan Manuel y Rodolfo Ruiz, César Durán, Yustardi Laza, Juan Carlos Aponte, J.J. Machado, Noel Falcón,  Encarnación 
Martínez, Joelito Báez, Álvaro Ramos, Los Hermanos Zuletas, Guido Zambrano y  Florencio Gonzáles. Los arpistas con que he cantado en llave son 
Marcelino Blanco Rodríguez, Los Hermanos Lino y Jorge Pérez, Eloy Pérez, Emiliano Salazar, Erasmo Perales, Laurianito Flores, Ridel Castro y Martín 
Herrera. Con todos me fue muy bien, pero con quien he tenido más éxito y hemos durado más tiempo tocando fue con William Andrade, desde el 
año 1993 hasta el año 2000, y con Manuel de Jesús Ruiz, desde el año 2000 hasta el año 2006.
Actualmente, mi arpista es Martín Ayala y, bueno, aquí estoy y seguiré cantando hasta que Dios quiera. He cantado en todos los pueblos donde se 
baila nuestro joropo; todo el estado Miranda, Aragua, Vargas, Caracas, Carabobo y Guárico. A muchas emisoras he llevado mi música y a canales de 
televisión. En el primer disco en el que estuve, tenía una canción junto como con 10 cantantes más. Luego, hice dos producciones discográficas con el 
Gabán Tacateño y otra con él y Mario Díaz. También tengo un trabajo yo solo, acompañado en el arpa de Yustardi Laza y William Andrade, que se llama 
El Clarín de Miranda, porque los productores insistieron en que fuera de Miranda y no de Bucarito. El más reciente trabajo compartido fue con Luis Tovar 
y Ridel Castro. Los cantantes que me ayudaron en mis inicios fueron Esteban Ramos ‘El Perico de Miranda’ y Ricardo Ramos ‘El Lorito de Miranda’. 
Esta es la historia de este servidor: ‘El Clarín de Bucarito’, Eulogio Gil”. In f o r m a cIó n s u mInIs t r a d a p o r Eu l o gIo gIl

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